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El Valle de la luna sanjuanino y el parque riojano Talampaya: una experiencia única,

Recorriendo sus circuitos tradicionales y alternativos, tanto de día o de noche. Un viaje a la era donde los dinosaurios correteaban entre lagos y helechos gigantes.

Por Susana Parejas

 

Es noche de luna llena. Redonda, blanca. Luce aún más grande y luminosa desde esta naturaleza tan desértica como imponente. Aquí, no se cuentan historias de lobizones sino de dinosaurios que correteaban entre lagos y una vegetación exuberante, que hoy cuesta imaginar. Como figuras fantasmales aparecen las geoformas esculpidas por el agua, el sol y el viento durante millones de años en las rocas. Hay que mirar bien arriba, hacia las estrellas para alcanzar toda su extensión. El Hongo, la Esfinge, el Submarino… sus figuras totalmente negras se recortan contra el cielo tupido de estrellas. Parece que de algún lugar va a salir saltando un gigantesco saurio, “es como estar en una película de ciencia ficción”, comentan algunos. Y otros cuentan leyendas indígenas en un tiempo sin calendario donde estas enormes formas de piedras tenían vida. Pero, no hace falta huir de figuras temerarias. Es el Parque Provincial Ischigualasto, popularmente conocido como el Valle de la luna, en el norte de la provincia de San Juan, a 330 km de la ciudad capital.  Su nombre en quechua significa: “sitio donde se posa la luna”.

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Valle de la Luna

 

Muy cerquita, a 60 kilómetros, en La Rioja, está el Parque Nacional Talampaya, cuyo nombre remite a un “río seco”. Son vecinos y hermanos de nacimiento: forman parte del mismo conjunto geológico del Triásico. No es casual que la aridez reine sin intervalos sobre las 63 mil hectáreas del Ischigualasto, y las 215 mil que ocupa Talampaya. Aunque, hace millones de años fue una región poblada de reptiles, dinosaurios, coníferas y helechos gigantescos, antes de que la tierra se plegara para formar la cordillera de los Andes. Y es el único lugar en el mundo donde existen restos fósiles que permiten reconstruir un período de la historia geológica terrestre prácticamente desconocido. Por este motivo, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Es el único lugar en el mundo donde existen restos fósiles que permiten reconstruir un período de la historia geológica terrestre prácticamente desconocido.

De gira. Una buena opción para conocer estos valiosos parques es arrancar la tournée por la provincia de San Juan y terminarla en La Rioja. Y si bien muchos visitan ambos en el mismo día, vale la pena (y cómo) tomarse un día para cada uno.

Para visitar el Valle de la Luna, conviene pasar la noche, en la ciudad de San Juan y partir a la mañana siguiente, porque el viaje hasta el parque lleva unas cuatro horas. El día en la capital provincial se puede aprovechar, para conocer el Museo de Ciencias Naturales (Av. España Sur 400). Es un buen preludio para comprender el valor paleontológico de estas formaciones geológicas con una antigüedad calculada entre 180 y 230 millones de años. “Se encuentra una secuencia prácticamente completa del período Triásico de la Era Mesozoica, en el que nacieron y se desarrollaron los dinosaurios”, explica el guía del museo. Una de las estrellas, dentro de los fósiles encontrados, es el del Eoraptor lunensis: el dinosaurio carnívoro más primitivo del mundo.

 

Hechizo de luna. Aunque el Parque Provincial Ischigualasto puede ser recorrido durante el día (entrada general $200), es la luna llena la que despierta la imaginación y le da ese toque mágico a este lugar. Hay dos circuitos –con no más de 10 kilómetros- que se realizan durante el plenilunio, y los dos días anteriores y posteriores al mismo. Cinco noches, en cada mes. Un dato: en mayo, la luna llena cae el 21. Este trekking nocturno dura alrededor de 2 horas y no exige esfuerzo físico, ya que la mayoría de los senderos están en terreno plano.

El recorrido tiene 42 kilómetros de extensión y arranca en la administración del parque.

Durante el día, el circuito principal se recorre exclusivamente en vehículo y con la compañía de un guía autorizado. Puede hacerse en auto particular, combis y taxis. El recorrido tiene 42 kilómetros de extensión y arranca en la administración del parque. Los circuitos duran entre tres y cuatro horas, con paradas intermedias y caminatas. También se pueden hacer en bicicleta.

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Cancha de bochas, en Valle de la luna (San Juan)

Terracotas, grises, ocres y verdes, pintan el paisaje según la hora del día. Un lugar singular dentro del parque es la “Cancha de bochas”, distintas esferas perfectamente pulidas están posadas sobre una superficie llana. Una instalación natural digna de un museo moderno.

 

 

Rumbo a Marte. Si en el Ischigualasto la sensación era la de estar en la luna, en el Parque Nacional Talampaya es la de estar en el planeta rojo. Tal es el color que domina el paisaje, dado por los minerales ferrosos de esta tierra. Bien podrían haber filmado aquí la película The Martian, con Matt Damon. A diferencia del otro, en Talampaya no se permite el ingreso de vehículos particulares, sólo están permitidos los de empresas autorizadas. El ticket de entrada ($120 extranjeros; $100, Mercosur; residentes, $70) habilita un sector que se puede recorrer caminando. Este área incluye el Sendero del Triásico, donde a lo largo de 230 metros, se muestran en orden cronológico, las distintas especies de dinosaurios que habitaban la zona, realizadas a escala natural en fibra de vidrio y resinas sintéticas. Un verdadero viaje en el tiempo donde vivían estos animales tan fascinantes como inquietantes.

Si en el Ischigualasto la sensación era la de estar en la luna, en el Parque Nacional Talampaya es la de estar en el planeta rojo.

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Para recorrer el interior del parque hay que tomar excursiones, salen cada hora y se pueden reservar online. La más representativa es la que va al Cañón ($390) formado lo largo del lecho seco del río Talampaya, dura unas dos horas y media. Imponentes farallones forman una especie de laberinto con paredes que llegan hasta 150 metros de altura. La fantasía -aquí no cuesta mucho ponerse fantasioso-, colocó nombres a las diferentes formas erosionadas en las rocas: el Monje, los Reyes Magos, la Catedral, el Hachazo de Dios, se van observando en las diferentes paradas.

Mientras se transitan los 230 km que separan al parque de la capital riojana, sigue en la mente, como estampada, la belleza caprichosa que logró la naturaleza con su trabajo de más de doscientos millones años.

 

Bonus track

Stop en el camino

Para los que quieran aprovechar las visitas en noches de luna llena en el Ischigualasto, pueden optar alojarse en el pueblito de San Agustín del Valle Fértil, en San Juan, a unos 80 km. Hay opciones de hoteles y cabañas. El pueblo riojano de Villa Unión, a 55 km de Talampaya y 200 de La Rioja capital, es una buena base para visitar el parque. Tiene buena capacidad hotelera, unas 770 plazas, con hoteles de diferentes categorías y precios.

Para el trekking

De día portar sombrero, protector solar y mucha agua. En invierno, sobre todo si se va de noche, hay que saber que la temperatura puede descender hasta los 10 grados bajo cero. Lo ideal es vestirse en capas como una cebolla.

 

Para navegar

www.turismolarioja.gov.ar

www.sanjuanlaestrelladelosandes.com

www.talampaya.com

www.parquesnacionales.gob.a

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